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Perdido III

Esta vez los sueños inducidos por el cloroformo llevaron a Enrique a un lugar muy apartado, en una colina donde sólo se veía una casita. Hacía un clima espléndido, y disfrutaba ir caminando hacia la pequeña casa como nunca había disfrutado caminar. Cuando llegó a la cima notó que no solo el clima era perfecto, también la vista era increíble. Tocó la puerta, y una muchacha exageradamente hermosa abrió. -”Oui?” dijo la joven. -”Disculpe pero no hablo francés, Do you speak spanish? english?” -Le contestó Enrique, con una expresión de alivio en su cara. -”Claro, puedo hablar español, ¿Qué se le ofrece?” replicó la joven, un poco extrañada de ver a ese personaje frente a su puerta. -”Ah, usted verá, me llamo Enrique y vengo de muy lejos, de México. Estoy en Francia por razones laborales, pero ya tengo aquí una semana y no había tenido tiempo de conocer esta bella ciudad que es París, por lo que temprano esta mañana salí en auto a conocer el lugar, pero en medio de estas hermosas colinas se descompuso el auto en la carretera, y vengo aquí pidiendo su ayuda.” – Se explicó Enrique ante la joven, notadamente nervioso. -”Ah, si puedo ayudarle, tengo teléfono celular, mi nombre es Michelle, pase, póngase cómodo, voy por el teléfono”.Enrique pasó y se asombró de que fuera una casa tan pequeña por fuera pero muy acogedora por dentro, afuera hacía frío y adentro apenas se sentía fresco. Mientras esperaba, oliendo aromas que había olvidado como la tierra mojada o el olor a un bosque cercano, recordó que los últimos 6 años los había pasado sin descansar, de un lugar a otro, trabajando, y no se había dado tiempo para él. Justo cuando Michelle regresaba con el teléfono, supo que ya no quería que lo sacaran de ese lugar tan apartado. Le pidió a Michelle que lo dejara descansar un momento antes de hacer su llamada, la chica francesa fue muy amable y los dos platicaron cerca de dos horas, sobre sus propias vidas, y sus similitudes. Michelle había terminado su carrera en turismo, y ese fin de semana que apenas comenzaba, se había ido a descansar a su casa de campo. Michelle conocía México e incluso quería ir de nuevo para vivir allá. Conforme más pasaba el rato, los dos caían en un trance que pasó por la amistad, el cariño, el romance, el amor y la pasión.

-”¡Despierte!, ya es hora de irnos.” -Una voz lo despertó, y maldijo por ser interrumpido en el sueño más especial que había tenido, pero luego se dio cuenta de que en realidad había pasado, estaba en parís, habían pasado 4 años desde eso. Ahora había guerra entre su país México y donde se encontraba, Francia. Había regresado para rescatar a Michelle y llevársela con él a México. Ya recordaba todo, Estuvo cerca de un año en aquella colina, quiso hacer de eso su vida, pero Michelle no se lo permitió y sufría por eso, perdió su fructífero trabajo y todos sus conocidos en México lo daban por muerto, y entonces se regresó al verse derrotado, al no comprender aquella relación tan perfecta pero que Michelle no dejaba que se mantubiera estable, era ilógico para él, pero para ella parecía tener mucha lógica. En México, era un desconocido, y no hizo nada para remediarlo, pasó 3 años atormentándose, estando cerca de Michelle solo por correo, y ella solo le contestaba fríamente una de diez solo para hacerle ver que seguía viva. Temía tanto ser nockeado por ella que no iba a verla a París.

Entonces se vino la guerra y dejó sus sentimientos junto con su orgullo y se logró colar en un barco militar. Llegó a parís, fue hacia las colinas pero no eran mas que montículos de tierra aplastados por las bombas, desconsolado fue a la ciudad, y en medio de aviones surcando los cielos y orugas transitando las calles, gritó su nombre a los cuatro vientos. Sin resultado y cansado entró en un bar a refrescar su garganta. Tomó un asiento y pidió algo fuerte de beber. Empezó a sentirse triste, desconsolado, abatido. Pidió otra bebida y otra más. Empezó a preguntar por Michelle a los que ahí se encontraban, y a conversar con ellos ahora totalmente desinhibido por el alcohol. Y entonces el cantinero escuchó su historia. -”¡Yo conozco a una Michelle! ¡Viene aquí muy seguido desde hace dos años!, seguramente hoy estará en el bar de enfrente, pues la guerra no ha llegado a este lugar, y no nos damos abasto y hemos abierto otro.” -Interrumpío el cantinero. Antes de que Enrique pudiera expresar un asombro, alegría, júbilo, un fuerte zumbido ensordeció a todos. Alguien gritó “¡¡Nos bombardean!! ¡¡ es un ataque sorpresa!!.

Enrique estaba tan borracho que no podía correr, pero luchando con su conciencia, logró colarse entre la multitud, y mientras todos corrían lejos de ese lugar, él corría en dirección contraria, hacia el bar de enfrente, ilusionado por la información tan oportuna del cantinero. Y entonces se dio cuenta que soldados mexicanos lo seguían, eran sus amigos, pero estando en París, eran enemigos, y por ello se asustó. Corrió con todas sus fuerzas, llegó al bar, logró ver a Michelle y ella a él, pero entonces una bala le dio en la espalda y lo tumbó. Perdía el conocimiento, y Michelle le gritaba desconsoladamente, asustada de perder al hombre que la tuvo perdida durante 3 años, pero Enrique creía que ella le reprochaba, y con sus últimas energías le gritó y se desmayó.

Cuando volvió en si, Enrique la iba arriba de un carro militar, lejos de la carpa donde había estado recuperándose de sus heridas de bala. -”Ha estado muy pensativo en todo el camino señor”-Le dijo el doctor que lo había atendido y que venía a un lado suyo. “No se preocupe, no gaste sus energías, ahora mismo lo llevamos con su amiga”. -Terminó de decir el Doctor. Enrique sonrió como no lo había hecho en 3 años, nunca se había sentido tan agradecido con una persona. Le había salvado su vida y ahora le iba regresar la razón de ella.

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Perdido II

Estaba tan obscuro que daba igual si tenía los ojos abiertos o cerrados, de hecho de nada servía tener ojos. El olfato y el oído se agudizaban hasta límites sobrehumanos, y así fue como le llegó un extraño olor a pólvora. De pronto una voz familiar comenzó a crecer, hasta que claramente se le entendía: -“¿Porqué has regresado? Ya es muy tarde, corre, vete, déjame aquí, esta vez no te lo reprocharé”. Enrique no sabía que decir, ni siquiera hacia dónde dirigir su voz en esta inmensa obscuridad. –“¿Acaso tu conciencia te traicionó como tú me traicionaste a mi? ¿Te arrepientes de lo que haces? ¿Es pena lo que sientes por mi y nada mas?”. No podía soportarlo más, Enrique se tapó los oídos y cerró los ojos como si pudiera hundirse más en una obscuridad abismal, y gritó a los cuatro vientos: -“¡¡YA BASTA!!, REGRESÉ PORQUE A PESAR DE QUE ME HACES SUFRIR, JUSTO COMO EN ESTE MOMENTO, ¡¡TE AMO!!”. Si, debió ser por eso, debió haber convencido a aquella voz femenina porque no volvió a pronunciarse.

Después de un silencio misterioso, la obscuridad total se empezó a desvanecer, como si amaneciera con un sol tan rojo que todo lo que iluminaba se teñía de ese color. El olor a pólvora había sido sustituído por un desagradable olor a sangre, que hacía un juego perfecto con aquella calle donde estaba parado y que podía ver perfectamente ahora que la obscuridad se había desvanecido. No lograba reconocer ese lugar de tono rojizo, lleno de casas a los lados y un camino empedrado como calle. Volteó la mirada y reconoció una de las casas, la cual tenía la entrada diferente a las demás porque hacía la función de una taberna. Sabía que el olor a sangre y ver las cosas como si tuviera lentes rojos, significaban muerte, por eso corrió a la taberna, porque ahora comprendía que la voz femenina había salido de allí. Corrió con tanta desesperación y ansia, que cuando por fin abrió de par en par las puertas, una fuerte sacudida lo succionó de esa realidad.

Enrique despertó bruscamente, le dolía todo el cuerpo y tenía un terrible dolor de cabeza. –“Vaya, al fin has despertado”. Le recibió un hombre vestido totalmente de verde, un militar. –“Soy el médico de la 7ma división de infantería de la armada de México. Te encuentras en una carpa de atención, y aunque no portas uniforme militar, descubrimos que eres mexicano por una identificación encontrada entre tus pertenencias.”. Enrique seguía sin comprender nada, estaba más perdido que nunca, así que pensó que al tratar de entrar a la taberna se habría golpeado y estaba soñando. –“¿Qué ha pasado? ¿Dónde estoy?”. Preguntó. –“Parece que has perdido la memoria, estás en París, estamos en guerra con Francia.”. le contestó el médico militar. –“¿Guerra? ¡¡Oh no puedo creerlo!! …. ¡¡Michelle!!, ¿Dónde está Michelle? ¡¡¡Michelle!!!. Todavía no comprendía si era una broma pesada, si estaba soñando o si era una realidad espantosa, pero aquel intenso dolor que sintió al querer levantarse histéricamente, lo tumbó de nuevo y supo que se trataba de su tercera opción. –“¡Tranquilo! Si se refiere a la muchacha con la que fue encontrado, se encuentra bien, en otro lugar. Cuando se recupere la llevaré con ella con gusto.” Se ofreció el médico.

-“¡Doc!, sus heridas de bala ya están sanando, pero por su expresión deben seguir doliendo mucho.” –Dijo el que parecía ser el ayudante del médico al ver que Enrique no paraba de gemir y retorcerse, ignorando que se debía a la enorme preocupación que tenía por esa chica llamada Michelle. –“Lamentablemente siguen sin surtirnos con morfina, ponle el trapo con cloroformo de nuevo.” –Le ordenó el médico a su ayudante. Y entonces de nuevo Enrique caía en un sueño profundo, esperando que la próxima vez que despertara, las cosas estuvieran un poco más claras.

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Perdido

-¡¡Correeee!! ¡¡Corre Enrique!!, ¡viene justo detrás de ti!.
-¡¡Eso trato de hacer!!, ¡pero no puedo moverme! ¡Mi cuerpo no responde!
-¡Tú puedes Enrique!, ¡lucha, libérate! ¡¡No basta con desearlo!!
-¡Estoy luchando! ¿Es que no ves el esfuerzo que hago?
-Lo siento … no puedo quedarme más, ya te ha alcanzado … adiós …
-¡Nooooo!

Ese fue el momento en que se dejó a su suerte, y Enrique se resignó a ella. Esperando que por lo menos fuera una muerte lenta y dolorosa cerró los ojos y de tener su corazón latiendo 400 veces por minuto, dejó que pasaran 10 segundos entre el último latido de la serie y el siguiente, recordando lo corta que fue su vida. Se vio en un bar platicando amenamente con gente totalmente extraña pero que por alguna razón los trataba como amigos de toda su vida (y recordó de nuevo lo corta que fue), y no recordó ese momento por haber sido de gran importancia, sino porque le era imposible recordar algo más antiguo que eso, como si no hubiera vivido antes de ese día en el bar. Luego de 5 segundos de pensar en ello, ahora se veía totalmente ebrio y tirado en una mesa de aquel lugar, levantando la vista y descubriendo que estaba totalmente solo. Más tardó en recordar preguntarse a donde habrían ido todos cuando de pronto un ruido ensordecedor lo puso en pie, y sin pensar en qué lo habría causado, salió corriendo de aquel lugar sin detenerse un instante, corriendo calle abajo en un pueblo tan desconocido como sus amigos del bar y que estaba en ruinas, como si se tratase de una zona de guerra. El escalofriante ruido le sonaba cada vez más cerca del oído, y entonces una parte de su conciencia le gritó: -¡¡Correee!! ¡¡Corre Enrique!!, ¡viene justo detrás de ti!. Sus 10 segundos recordando su –corta- vida habían terminado, y supo que aquella cosa que lo había perseguido, lo había alcanzado en el momento en que los oídos le reventaron.

Tuvo la enorme sensación de que se ahogaba, y que en un instante salía a la superficie y tomaba el aire con todas sus fuerzas. Su corazón latía tan fuerte y sus pulmones se saciaban de aire tan ferozmente que no pudo comprender nada, más que escuchar una voz apagada decir, -“Señor… ¡ha vuelto!” y otra voz contestar -“¡Aún no es momento! ¡Regrésalo!”, y sintió que alguien lo sumergía con fuerza al fondo del agua de nuevo, llevándose consigo un extraño olor a alcohol.

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Despedida De Una Vida Primaria IV

Dicen que antes de la tormenta está la calma. Y vaya que se respiraba una gran calma a pesar de la situación. –“Ya no pienso gritar, la verdad es que me tienen sin habla, voy a llamar a tus papás para que vengan por tí José, yo ya no te quiero aqui” –dijo la profesora mientras veia a los 5 estudiantes pero evitando mirarlos a los ojos. Todos se seguian riendo en sus mentes, menos José que se sentía tan mal que se le pusieron los ojos llorosos. McGiver simulaba que tambien reprobaba aquella actitud, aunque no sabía si la vieja gorda también lo habia visto a él carcajearse ante la actuación pornográfica de José. -“Maestra, que apenado estoy, se me salieron los muchachos de control y no me di cuenta de lo que estaban haciendo” –abrió la boca el lambiscón del chofer a cargo del grupo. Ni Willy ni Beto comprendian la nueva actitud de McGiver, Fernando y Carlo sabían que estaba tratando de sacarlos de aquella situación, y José no pensaba en nada mas que en los posibles desenlaces cuando sus papás se enteraran de lo que hizo.

 

- “En la noche hay una fiesta de disfraces en el salón principal de eventos del hotel, quiero que participen y que sus disfraces sean un ejemplar para llevarme aunque sea una buena impresión de ustedes. Señor chofer, los dejo bajo su supervisión, yo me tengo que retirar a hablarle a los padres de José a Colima”. –Dijo la profesora y se perdió fuera de la cabaña. Willy salió sigilosamente y se asomó a las afueras de la cabaña, duró unos 5 minutos en posición de fisgón y luego regresó dentro. -“¡Ya se fue! Jajajaja, pinche José ya te cargó el payaso, pero no dejo de pensar en lo gracioso que fue esto”. – Dijo Willy al ver que todos seguian con cara de pocos amigos. –“Pinche McGiver porque te pusiste del lado de la maestra, nos pudo haber ido peor”. –soltó Carlo enojado. –“Calma, si me ponía en contra me hubieran apartado de ustedes y no quería eso, ¿tu si?, además con esto de la fiesta de disfraces se me ha ocurrido una GRAN idea”. –dijo McGiver entusiasmado mientras buscaba las llaves del camión. –“No se muevan de aqui, no me tardo que iré a buscar material para sus distraces”. –McGiver habia tomado las llaves y se salía corriendo de la cabaña.

 

Pasaron dos horas y McGiver no regresaba. José se sumió en sus pensamientos y Carlo estaba desesperado porque se hacía noche y aun no se preparaban para esa estúpida fiesta de disfraces. Estaban a punto de inventar sus propios disfraces cuando McGiver entró. –“Disculpen, pero cuando estaba en el camión me encontré un viejo amigo que tambien es chofer y me invitó una cheve. Pero aqui les traigo todo lo que necesitan para sus disfraces.” –les dijo McGiver mientras les entregaba una caja con maquillaje para mujer. –“No esperas que nos disfracemos de trasvestis ¿EH?”-Dijo Beto. –“Que no, ¡pero ocupan las pinturas porque se van a disfrazar de Nazis!, ya saben con la swastica marcada en la cara y todo, a que es una exelente idea ¿verdad?”-explicó McGiver. A todos les pareció genial ser unos despiadados Nazis, José ya había olvidado por completo lo sucedido e incluso se peleaba por ser hitler y explicaba cómo debía ir pintado el bigote. Cuando ya todos estaban marcados con el símbolo nazi en los brazos y cachetes con labial rojo, unos gorros improvisados con toallas y habiendose aprendido unas cuantas frases, daban las 10pm en el reloj. El evento comenzaba a las 9:30pm así de que iban tarde, McGiver los apuró y se tiró a ver TV mientras todos salían de la cabaña, los cinco corrieron para no llegar mas tarde, y al llegar abajo de la colina hasta la sala principal del hotel iban sudando. Con el sudor la puntura roja se había corrido y parecían ensangrentados pero no tenían tiempo de corregirlo, así de que abrieron las puertas de la sala de eventos de par en par y haciendo una entrada trinfal dijeron en coro: -“¡¡HEIL HITEL!!”.

Todos los congregados estaban sentados alrededor de el gran salón, en medio había una chica que estaba actuando con su disfraz, una especie de princesa de disney. En ese cuarto estaban todos los ex-alumnos del 6to grado que habían sido compañeros durante 6 años, empleados y directivos del hotel, algunos padres de familia e incluso los papás de José que habían llegado de Colima a la llamada de la maestra que también ahí se encontraba. –“¡¡HEIL HITLERR!!” –repitió Willy al ver que todos enmudecieron, recorrió el salón con la mirada y se dio cuenta que se habían ofendido por la interrupción, al llegar a la vieja gorda de su ex-profesora se dio cuenta cómo se llevaba las manos a la cara, retiraba las manos y mostraba una cara de enorme enojo, se levantaba de su lugar y se dirigía hacia ellos. –“Muchachos acompañenme afuera.”-les dijo la regordeta profesora que los sacaba con la simple mirada que irradiaba fuego de coraje. Willy, Fernando, Beto y Carlo la siguieron. Cuando hubieran estado lo bastante lejos de donde los pudieran escuchar, la profesora se detubo. –“¿NAZIS? ¿EN QUE ESTABAN PENSANDO? ¿NO SABEN LAS ATROCIDADES QUE COMETIERON ESAS PERSONAS? ¡¡¡¡SON OBRA DEL DEMONIO!!!!, ¡¡EN ESTE INSTANTE ENTREN AL BAÑO Y QUITENSE ESO TAN REPUGNANTE!!” –les gritó con tal coraje que parecía que fuera explotarle la cabeza. No tubieron más remedio que entrar al baño y limpiarse.

–“Pinche vieja amargada, si esto es pura historia, no tiene nada de malo” –soltó Willy a sus amigos en el baño. –“YA SE, es una puta esa vieja, pura ignorancia es lo que demuestra” –le contestó Fernando. –“Y encima de amargada y puta, está bien gorda”-puntalizó Carlo. –“Sss, puta, amargada, gorda y culera, nos grita bien cabrón“ –aportó Beto. –“Jaajajaja, si, está rependeja la vieja esa, ya para que no llore ya nos limpiamos, vamonos a ver que mas chingaderas nos dice jajaja…” –decía José mientras se acercaba a la puerta y la abría, solo para encontrarse cara a cara con la “vieja gorda culera pendeja y amargada” que acababan de describir. Era el segundo “¡mierda!” que pensaba José para sus adentros en menos de 8 horas. La profesora les había escuchado todo lo que platicaron dentro del baño, incluso seguía recargada con el oído a una puerta invisible porque ya estaba abierta y no podía moverse de la impresión. Pero esta vez no gritó, ni siquiera les susurró palabra alguna, simplemente se limitó a llorar. Lloraba desconsoladamente, parecía que no lloraba en decadas, era algo tan desgarrador que pronto Willy, Beto y Carlo tambien se pusieron a llorar. José simplemente estaba callado, y Fernando se aguantaba de no reir de esa escena tan estúpida.

Después de eso le siguió una de esas pláticas donde hasta McGiver hubiera llorado si hubiera estado ahi, los 5 ex-alumnos hicieron las paces con la profesora, se dieron la mano y un abrazo y se perdonaron todo lo que había sucedido en los últimos días. José se fue esa misma noche con sus padres, Carlo y Willy se fueron a dormir porque las lágrimas lo dejaron exhausto, Fernando se puso unos calcetines en la mano y regresó a la fiesta de dsifraces como el hombre gusano, Beto se puso una almohada en la espalda y se presentó como el jorobado. Al final Beto ganó al mejor disfraz y Fernando tubo mención honorífica. Los dos regresaron a la cabaña y calleron muertos del cansancio. Muy temprano al día siguiente despertaron los 5 amigos, pero no estaba McGiver con ellos. Todos regresaron a Colima, pero los llevó un chofer desconocido, nadie nunca supo donde quedó McGiver, y ninguno de los 5 amigos recuerda cuando fue la última vez que lo vieron, discutían si se había quedado a dormir o si ya no estaba desde antes en la cabaña. Fue lo último que platicaron, después siguieron las vacaciones y entraron a secundaria, pero prefirieron honrar la memoria de McGiver (al cual no verían en sus vidas de nuevo) al no volver a mencionarlo jamás. Esta historia es real, le pasó al amigo de un amigo de mi vecino, solo que no sé quien de los protagonistas era.

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Despedida De Una Vida Primaria III

Amaneció con un frío de aquellos que calan los huesos, pero aquel grupo de 5 ex-estudiantes de primaria y un don nadie de la vida que era chofer se habían desvelado viendo pornografía barata por televisión en lo más alto, lejano y obscuro de una montaña dentro de una cabaña que a pesar de que no calentaba en absoluto, la actividad que los entretenía dentro los mantenía tan calientitos como cuando sus mamis les arropan antes de dormir en casa. –“Ya me cansé de utilizar mis fantasías para ver unas tipas en cueros, la verdad es que ni cerrando los ojos puedo, ¡¡esto es un fraude!!” –dijo soñoliento Carlo. –“Bueno no es mi culpa que tengan una mente novata, yo puedo imaginarme perfectamente a estas viejas en pelotas ñam ñaam”. –contestó McGiver, tratando de no parecer un perfecto idiota al haber defraudado a unos chavales. –“Naaa no mames McGiver, ¡¡son infomerciales!!, ya hasta tengo ganas de comprar esos pinches aparatos para reafirmar las nalgas más que correr a una cabaña de morras y bajarles la faldita” –dijo enfadado José.

La credibilidad de McGiver habia perdido puntos, si hubieran encuestado a los 5, uno de ellos diría rotundamente que el chofer no la armaba y que siempre había creido que era virgen. El caso es que aun así, por ser un cabrón vale madre, lo siguieron ese dia a buscar problemas en ves de irse a las actividades ñoñas que realizaban la profesora regordeta y los padres de familia que ahi estaban. Esta vez fueron al cuarto de las maquinitas, donde McGiver les enseñó el truco de golpearlas hasta que regresaran las monedas que habían sido introducidas. Beto se emocionó porque en realidad funcionaba. Salían las monedas a borbotones y ya les empezaban a salir cayos de tanto jugar hasta que de pronto la maldita máquina no quiso seguir siendo bondadosa y ni una moneda soltaba. Hasta los golpes de McGiver a la Chuck Norris eran en vano, pero Carlo no se dio por vencido y con una tremenda patada volaron las monedas… y volaron astillas, y volaron las teclas…. y la pantalla se quebró y en efecto, también volaron vidrios. -“¡En la madre! ¡¡Ya nos cargó weyes, mejor vámonos de aquí!!” –Gritó por lo bajo Carlo a sus amigos, pero estaba solo en ese cuarto. McGiver iba en la delantera mientras que detrás Fernando, Willy y Beto le seguían la carrera colina arriba.

Para cuando Carlo llegó a la cabaña, no podía ni respirar, apenas pudo distinguir a sus amigos tirados en la cama quebrándose de la risa. -“¡¡Jajajaja!! Espero que no nos hayan visto, y por cierto ¿dónde está José?” –Se preguntó Willy. –“El wey corrió al lobby del hotel, no se porqué dio la vuelta si ustedes venian en bola para acá”. –respondió con la voz agitada Carlo. Pero no pasarían 10 minutos cuando José entraba a la cabaña, y detrás de él la vieja profesora de los 5 alumnos y en el pasado tal vez hasta del chofer. –“¡A VER MUCHACHOS! José no quiso decirme quien fue, ¡asi de que TODOS se quedan castigados encerrados en una de las cabañas más abajo!, ¡órale para fuera todos!. –Sentenció la ruca que parecía desmayarse del coraje.

Pasaron toda la tarde en una de las cabañas donde había una puerta dentro que comunicaba con la cabaña de al lado. Hubiera sido divertido si les hubiera tocado una de esas y unas chicas al lado, pero ahora castigados no pensaban en mucho. –“Ánimo, vamos a jugar a la mímica, uno actua y los demás adivinamos” –despertó McGiver a todos de su letargo de aburrimiento, pues ya tenían unas 3 horas ahi dentro mientras todos seguían en sus cursis actividades en otras áreas del hotel. Pasaron varias interpretaciones, hasta que le tocó jugar a José, no se le ocurría nada así de que decidió actuar como una estrella porno que sólo él conocía por un video en VHS que le encontró a su hermano mayor. –“¡¡AAAhh!! ¡¡¡Me pongo a GATASSSS AAAHHH!!!! –Comenzó a corear con ritmo, mientras todos los espectadores se carcajeaban, José se prendió a un mas y le puso más sabor a su actuación. “¡¡AA QUE RICO AHHH!!, ¡¡¡OH SIII!!!” –Gemía José dándose la divertida de su vida al ver que todos reían sin parar y pareciera que sus quijadas se iban a partir en dos.

Justo en ese momento, comienza a abrirse lentamente la puerta que comunicaba a las dos cabañas, pero entre tantos gritos y risas nadie se dio cuenta, mucho menos José que estaba de espaldas a la puerta. Fernando al levantar la vista en una de las carcajadas, se queda petrificado al ver a la vieja gorda (si se repite mucho esto, es porque en verdad estaba gooorda) parada del otro lado de la puerta, y cómo se llevaba el dedo a la boca en señal de ‘cállate méndigo chamaco o te va ir muuy mal’, por lo que Fernando no hizo expresión alguna, lo que llamó la antención de los demás menos de José. Como si fueran cartas que caen una tras otra, Willy, Beto, McGiver y Carlo voltearon a ver a Fernando, luego a la puerta y por último a permanecer en absoluto silencio. José no comprendía que pasaba, pero al pensar que no estaba siendo lo suficientemente gracioso, subió el tono. –“¡¡¡¡AAAAY SI QUE RICO MAMIII, MAS DUROO SIII, A GATAAAASS!!!!” –Sacaba fuerzas José para gritar mientras fingía estar cogiendo de perrito con todas sus ganas. Una vez se hubiera cansado, miró extrañado a sus amigos, se detubo en su actuación y notó que todos miraban fijamente atrás de él, volteó lentamente y aun sin terminar de ver a la vieja profesora, exclamó para si tan fuertemente que se alcazó a escuchar un quejido: “mierda…”.

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Despedida De Una Vida Primaria II

Entraron a la cabaña cargados de maletas, cansados del viaje pero sin sueño. Detrás de ellos venía “McGiver” contando historias de accidentes automovilísticos cometidos por su camión y cómo todas esas veces había renunciado a ser el conductor resignado cuando sacaba a pasear a más de 20 amigos en el camión. -”Si que está lejos la cabaña de las demás y aparte está muy empinado el camino” -Dijo josé quejándose de su mala suerte y su miedo a la obscuridad y a la independencia. -”¡Jajaja! empinado estás tu con tus miedos pinche nena, nosotros que si tenemos webos vamos a bajar la colina rodando con ellos”. -Todos rieron con el comentario de Fernando, incluso José rió con la esperanza de que olvidaran el tema.Y así fue porque McGiver ya había cambiado el tema en cuanto vio aquella caja que hacía las veces de televisión. -”Estará muy madreada la tele, ¡pero esto tiene directv! les voy a enseñar lo que es bueno en programas televisivos jojojo”. -Dijo el chofer “McGiver” también conocido como “el adulto del grupo”. -”Naa apoco tiene desbloqueado el playboy”-dudó willy. -”No nomas en el playboy pasan porno wey, tambien en canales piteros durante el día que en la madrugada se convierten en giros negros, yo sé porque mi jefe siempre programa la grabadora de VHS a las 2am” -señaló beto, queriendo parecer conocedor. Y en efecto, a eso se refería McGiver pues asentía conforme pasaba los pocos canales desbloqueados y que conocía su programación nocturna. -”Ya chingamos, hay mínimo dos canales candidatos, pero como ustedes están morros y no aguantan una desvelada yo los voy a despertar cuando empiece lo bueno, ustedes tirense a dormir” -Ordenó McGiver y todos por primera vez obedecieron la voluntad de un mayor sin cuestionarla. Pasaron las horas y por último Fernando, el más aguantador del grupo, quedó dormido. Ahora estaban solo el chofer y aquella televisión a las 2:30am iluminando la última de las cabañas de esa montaña en Mazamitla.

Para cuando había amanecido, en esa cabaña estaban 5 chamacos despiertos y un adulto roncando como si acabara de llegar de una borrachera. -”Ah no mamen el McGiver no nos levantó a ver porno, ¡que culero!… ¡despiertese que tenemos que bajar a desayunar!” -Gritó Carlo mientras movía bruscamente al chofer del viaje para despertarlo. -”Chaa disculpen jovenes pero sufro de insomnio y una vez que empezó la de culazos latinos que se me ocurre echarme una puñeta y ya saben lo que dicen, no hay puñeta que no pueda con el insomnio, que me quedo bien getón y ya no los desperté” -Se defendió McGiver. Con tan buena excusa no se dijo nada más del asunto y bajaron todos a desayunar. Cuando iban por la mitad del camino apenas pasando la primer cabaña hacia abajo se le ocurrió a José correr cuesta abajo. -”¡¡QUE CHINGUE A SU MADRE EL QUE LLEGUE AL ÚLTIMO!!” -Gritó a pulmón abierto mientras corría como alma que se lleva el diablo pues acababa de comprometer a su propia madre en ese reto. Lo que nunca vió fue que la maestra Senorina también conocida como Cerdorina por su voluptuoso cuerpo, estaba saliendo de una cabaña contigua y le zumbaron los oídos con las palabras de José. -”¡¡JOSÉ!!, te quedas sin desayunar y ahorita mismo llamo a tus papás porque lo que acabas de decir es ¡-i-n-t-o-l-e-r-a-b-l-e-! ¡¡y te voy a mandar de regreso a Colima!!” -pegó el grito al cielo la más conservadora de las maestras que han dado clases aburridas día tras día durante décadas.

-”Maestra alivianese, déle otra oportunidad a José porque estamos de vacaciones y se nos olvida lo que aprendemos en la escuela pero le prometo no pasará de nuevo” -Barbeó un poco Beto que por ser medio ñoño la maestra se compadeció y los dejó ir por esa vez, al fin y al cabo son jovenes y no tienen malas intenciones, se dijo para si la maestra. Lo que seguía ignorando aquella educadora con un tostón de vida es que a pesar de que en ese día no pasaría nada más de trascendencia, pronto iban a hacer estallar su paciencia y el final de éste melodrama atentaba contra todo principio, donde el alumno terminará por enseñar al maestro.

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Despedida De Una Vida Primaria

“Al chofer no se le paraaa, al chofer no se le paraaa” -Todos cantaban desentonadamente -”No se le para el camióoon”. -Iban de Colima hacia Mazamitla en un verano caluroso para los acostumbrados Colimenses, pero la mayoría (sobre todo aquellos que se las daban de machitos) estaban abrigados por el frío de esas alturas. El camión iba lleno de estudiantes de primaria que por fin dejaban lo poco de inocencia que les quedaba en este viaje de fin de cursos y el inicio de la secundaria en unos meses después.”Díganme McGiver, que no soy de esos rucos amargados que manejan camiones escolares.” -dijo el chofer mientras ponía la palanca de velocidades a fondo y aceleraba para terminar de subir una pendiente muy alta, la última antes de avistar el hotel donde se quedarían por un fin de semana. -”¡Ah! ¡a que te pareces a Apu el de los Simpsons!” -dijo uno de esos clásicos desmadrosos de primaria, Carlo. Allí comenzaba la amistad de un grupo de amigos que se conocían hace seis años (Carlo, Willy, Beto, Fernando y José) con un chofer de unos 30 años que parecía todo un vividor.

Llegando al hotel todos desempacaron sus cosas y corrierron hacia las cabañas, tratando de ganar la más cercana a recepción, el restaurante, las cabañas de las chicas y un cuarto lleno de máquinas de arcade. Solamente se rezagaron en el camión aquel grupo de amigos que seguían entablando conversación con el chofer. -”¿Cuánto tiene ya manejando autobuses don McGiver?” -preguntó Beto, un conversador inhato. “Fue ya hace mucho tiempo, tantos años como historias tiene que contar este viejo camión.” -Le contestó el chofer autodenominado McGiver -”A ver cuéntenos una pornoaventura muajaja.” -Se atrevió a proseguir José, el más pervertido del grupo de ex-estudiantes de primaria. -”Uhh pues miren, en el camión he llegado a vivir por meses enteros; es lo chingón de tener un camión, sirve de transporte, de casa, para ganarse la vida…” -”¡A ver, a ver! ¡le preguntamos si lo ha usado de cama!” – Soltó de pronto Willy, el chistoso del grupo. -”¡Jajajaja! ¡ok! no debería contarles, pero aqui mismo en el pasillo me he tirado a mi novia un chingo de veces, el pedo es que luego rodamos y duele cabrón cuando me pego en los asientos” -”Jaja! a mi se me hace que eres virgen” – dijo Fernando, el más callado de todos y que quería cambiar en ese recién iniciado viaje de fin de año. -”Pues te equivocas, estás morro y se te hace fácil, yo estudio en la escuela de la vida y ya he pasado por las drogas, el sexo y todo lo que ustedes nomas ven por televisión.” -Se defendió aquel chofer que se estaba divirtiendo de abrirles los ojos a esos 5 inexpertos.

Estaba tan interesante la plática, y estaban aprendiendo más que en los últimos 6 años de primaria que no se dieron cuenta de la hora. Ya estaba anocheciendo y aún no desempacaban para irse a su cabaña. La maestra encargada del grupo, una regordeta y persinada señora de 50 años, llegó y les dijo a los 5 alumnos que lo sentía pero que la única cabaña disponible era la más alejada y que no quedaba profesor o padre de familia en el grupo que se quedara con ellos en la cabaña. José dejó salir a flote su miedo por los lugares apartados y el estar sin vigilancia de un adulto. -”¡Maestra! ¡no puede hacernos eso! podria pasarnos algo y además está muy obscuro el camino” -Chilló. -”¡Eh! a mi se me ocurre que el chofer nos acompañe, no tiene porque dormir en el camión, así nos podría cuidar él, ¿Qué dice maestra?” – Señaló Fernando, pensando en la divertida de sus vidas que se darían con McGiver. -”OK, el joven puede acompañarlos y cuidarlos.” -Concluyó la ingenua, la pobre ingenua maestra que no tenía ni idea de lo que se desataría en los próximos dias ese fin de semana.

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Ella huele como deben de oler los ángeles.

Es increible lo poderoso que puede ser un simple olor. Frente a una lluvia interminable, tomando un café en un ruidoso restaurante, caminando frente a un montón de casas a la hora de la comida. Son olores que nos hacen viajar a lugares inimaginables, al pasado, a un instante o a espacios temporales inexistentes, por lo menos para todos los demás. Pero sobre todos los olores, hay uno que sobresale entre todos ellos. Es el olor de una mujer. La combinación de su perfume barato con su loción de mil pesos aclamada en París, el sudor de sus quehaceres diarios, el shampoo que lava sus cabellos, la crema que acaricia su piel y otros tantos factores que podrían ser tanto íntimos como de mal gusto para muchos pero no para mi.Recuerdo el día que más amé, odié y amé un olor al mismo tiempo. Estaba de vacaciones compartiendo una casa temporal con un grupo de amigos y no sólo compartiamos las camas y los platos, también el baño. El baño es uno de los lugares donde más combinación de olores hay en una casa, podría ser solamente superado por la cocina. Pues resulta que entre esas amistades se encontraba uno de mis amores, de aquellos que uno sufre eternamente y no hay cura conocida, cuando mucho se logran calmar los malestares, pero con el tiempo regresan. Nos preparabamos para salir a conquistar la noche, bañandonos uno tras otro.

Gané el baño justo cuando ella salía fresca y radiante. El vapor del agua caliente todavia se encontraba en el ambiente, me abrió los poros de la nariz como una buena salsa picate lo hace. Me vi inundado en su olor, era imposible escapar de ahi, era demasiado tarde. Fue el baño más placentero que he tenido en mi vida, estaba drogado y cada que respiraba era como darle otra dosis a mi cuerpo. Mientras volaba por las nubes y llegaba a las puertas del cielo me di cuenta que asi debían oler los ángeles, era el olor perfecto.

Salí del baño, me terminé de arreglar y salimos todos a dejar huella en los antros locales. Dentro del antro donde tantísimos olores se reunuen olvidé el incidente del baño pronto y me dejé espacio para pensar en tomar alcohol solamente, mientras me desinhibía y me divertía voltee a mi alrededor para ver qué tanta suerte estaban teniendo mis camaradas con las chicas locales. Parecía que esa noche no se lucirían, y tampoco mis amigas. Pero entonces veo que la chica a la que yo quería estaba coqueteando con un tipo pueblerino.

Estaba cansado de tanto moverme al ritmo de la música, tomé asiento y con una cerveza bien fría seguí observando aquél número, con el cuál me di cuenta de que ella estaba muy lejos de mí y que sería casi imposible hacer una realidad palpable mis realidades alternas con ella. Una de las tantas veces que me sucedía, una de las tantas veces que me acordaba del amor que le tenía. El porqué entraba en ese dilema es una historia que dejo de lado porque es demasido larga y compleja para este blog, pft. El caso es que me estaba odiando a mi mismo por amarla de esa manera, quería olvidarla, esta vez para siempre, yeaaah right!!. Olvidé su existencia solamente de ese momento hasta el despertar del día siguiente, donde no solo me aguardaba una cruda sino una lucha demasiado extraña y patética.

Con un dolor de cabeza como si me estubieran martillando en la cien y un sudor frío por la destilación de alcohol de mi cuerpo, trataba de recordar dónde estaba mientras abría los ojos y reconocía dónde habia despertado. Estoy en un cuarto compartido en una casa temporal. Entonces mi sentido del oído también despierta escuchando ronquidos y el crujir de las camas de mis amigos que dan vueltas en ellas como si estubieran teniendo pesadillas. Le toca a mi tacto ponerse en funcionamiento al levantarme del suelo (debí ser el último en llegar a dormir anoche porque todos los demás ganaron las camas) y darme cuenta que llevaba la ropa del antro puesta. Salgo del cuarto y camino por el pasillo hacia el único baño de la casa, me meto a la regadera y me doy un baño a conciencia. El contacto del agua con mi cuerpo me despierta el sentido del olfato, huelo a alcohol y a cigarro. Esos olores desagradables me provocan que pase saliva y mi sentido del gusto me pide agua, algo que sacié mi cruda. Abro la boca y dejo que el agua de la regadera me caiga para hacer gárgaras.

El agua me entra en los ojos y se me irritan, no puedo abrirlos, así de que simplemente extiendo el brazo y palpo en el tocador buscando el shampoo, lo tomo y me aplico una buena cantidad en el cabello. De pronto, como si fuera una punzada directa a todos mis sentidos, cuenta de que tomé el shampoo equivocado. Es demasiado tarde de nuevo para salir corriendo de ahí, una parte de su olor me hace recordarla, sentirla, verla, saborearla y escuchar su tierna voz diciendome al oido “¿Quién está usando el baño?”. Eso último no lo imaginé, es ella, mi querida niña está despierta y toca a la puerta del baño. Le contesto como puedo, y me apresuro a terminar de bañarme. Salgo y apenas le digo entre dientes que el baño está libre, no quiero pensar en ella y para ello debo fingir que no existe lo más convincentemente posible.

Mientras estoy en el cuarto peinandome me doy cuenta que será un dia muy largo. El olor de su shampoo se quedó impregnado por completo, no hay rastros siquiera del olor a cigarro que suele ser tan impregnante en el cabello. No tengo que pensar en ella, la amo pero jamás estaré con ella, no tengo que pensar en ella, su amor me hace sufrir, no tengo que pensar en ella, no es sano alimentar un amor platónico, no tengo que pensar en ella. ¡Maldito olor desaparece! Uso mi desodorante en spray para rociarme el cabello, no funciona. Me voy a la cocina para oler el rico desayuno, pero de alguna manera mi cabello huele más que cualquier otra cosa. No tengo que pensar en ella, no tengo que… he perdido, me rindo por completo a mi mente y me elevo solo para caer en una profunda depresión que comienzo a llamar amor.

Me odio, la odio, odio ese olor. ¿Cómo es que terminé odiando ese olor, si antes lo amaba con todo mi ser? ¿Es porque la portadora sólo me alimentó con recuerdos tristes? Poco a poco esos recuerdo tristes se esfuman, ese olor tan penetrante los supera, tengo una sobredosis. Pierdo el apetito, me siento mareado, me tumbo en un mueble. No estoy en la puerta del cielo, estoy dentro. Lo compruebo. Ella huele como un ángel, así huelen los ángeles. Volteo la mirada ahi abajo en la tierra, y la veo acercarse a la sala rumbo a la cocina. Me aviento desde las nubes aun sabiendo que no llevo paracaídas puesto, caigo con un golpe seco y me incorporo. Ella nota mi prescencia, la volteo a ver a los ojos y la llamo. -”¿Qué pasó?”, me contesta. Como si ya estubiera realmente muerto y sólo hiciere una visita corta desde el cielo, con total tranquilidad le respondo. -”Te amo.” susurro pero con tono bastante audible. Ella me voltea a ver a los ojos, después comienza a dibujar una sonrisa en su rostro y cuando está sonriendo plenamente la mantiene así por un tiempo. Le regreso la sonrisa mientras ella me invita a desayunar a la cocina.

Me amo, la amo, amo ese olor. No me hago más preguntas. Nunca pude quitarme ese olor, jamás me la pude quitar de la cabeza ni intenté hacerlo. La verdad es que no estoy seguro de que eso haya sucedido, mientras escribía esto me encontraba divagando por culpa de otros olores que me recordaban a ella. Es increible lo poderoso que puede ser un simple olor.

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