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Recuerdos Paralelos II

Corrió deprisa colina abajo, 12 horas parecían mucho tiempo, pero en realidad se sentían como 12 minutos ante la inmensidad del tiempo en su universo original, sin nada que hacer por el momento allá mas que hibernar en su esfera personal. Sin la tecnología de su universo, hace mucho tiempo que hubiera dejado de existir, pero gracias a ella contabilizaba 136 años terrestres, aunque tenía la destreza de un muchacho de 27 años, aquella edad que tenía cuando quedó herméticamente sellado a su esfera. Por lo tanto corría sin detenerse, hasta que llegó a un riachuelo y comenzó a seguir corriente abajo, tarde que temprano encontraría algun asentamiento humano.

Cada vez era diferente, el nombre de las ciudades, o de los países o de las ubicaciones de las zonas urbanizadas. Cada año era la tierra, con su misma historia de naciones vencedoras y naciones vencidas, pero con diferentes personas y diferencias sutiles pero importantes, como las enfermedades o las leyes de los hombres. Él estaba en la zona que en su universo paralelo era llamada Otago, Nueva Zelanda, pero ahí mismo podría ser cualquier nombre o incluso no existir nada a miles de kilómetros a la redonda. Por suerte todas las civilizaciones humanas coincidían en ubicarse en zonas cercanas a aguas dulces. Luego de correr sin aparente rumbo o destino fijo, por fin llegó a una planicie donde se observaban asentamientos, si tenía suerte eran humanos, o a lo que se le llamara “humano” en ese universo paralelo. Siempre eran seres vivos con aspecto humanoide, aunque a veces tenían alas como las aves, otros tenían branquias como los peces, unos más colas, otros cuernos, e incluso un año vio “personas” con 4 piernas y 4 brazos.

En esta ocasión vio figuras humanas, un poco más altas que el promedio de su propia versión de humanos, pero con todo en su lugar, tétricamente tan parecidos que tuvo miedo, y no supo como acercarse a esa civilización, que aunque gracias a su tecnología él se vería como uno más de ellos, sentía que estos serían capaces de reconocerlo como un extraño en ese planena, por no decir en ese universo. Uno de ellos se acercó a él, lo miró fijamente, puso cara de extrañeza y después se alejó tan rápido como se había acercado. Él trató de comunicarse con ellos, pero cuando se acercaba a alguno, éste se alejaba como si él apestara a basura podrida. No entendía porque ninguno emitía sonido alguno, su software integrado no podría interpretar su lenguaje así. Frustrado recorrió toda la ciudad sin éxito, nadie le había pronunciado palabra o seña alguna, y el tiempo para encontrar a su amada, si es que estaba en ese mismo universo, se le terminaba. Su sistema le mostró las 11:00 de la mañana, y se arrodilló, exahusto y esperando encontrar una respuesta o alguna lógica a su situación. Y de pronto, así agachado, casi al raz de suelo, y viendo solo las pantorrillas de toda esa gente extrana, divisó a lo lejos otra persona, de la misma manera agachada y con las manos en la cabeza en señal de estrés y desorientación.

El corazón le bombeó con tanta fuerza que de pronto no se dio cuenta que esas personas se volvían a alejar de él, primero notó que la gente se alejaba de esa otra persona que parecía sufrir lo mismo que él, tan perdida con él, solo que a él ya habían vuelto las esperanzas de seguir adelante con su búsqueda… se desentumió las piernas y corrió, llegó a ella, si, una mujer, se paró en seco y le dijo en su idima nativo: -”¿hola?, ¿puedo ayudarte en algo?”.

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Ironías de la Vida

La vida gusta tanto de la ironía que cuando haces algo para presumir y lucirte ante los demás, ésta hará que falles estrepitosamente.

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El Misterio de la Casona del Naranjo III

Después de tal experiencia era muy difícil dormir sin ninguna preocupación. Intentaba apartarme de esa realidad tapándome de pies a cabeza con las cobijas. Sin embargo el extraño frío que en primera instancia me despertara, ahora había desaparecido por completo para dejar reinar un calor sofocante. El calor era tan insoportable que la sensación de seguridad que las cobijas me daban fue puesta en segundo término dado que me estaban dando más incomodidad sudorosa que cualquier otra cosa. A tientas busqué y tomé mi reloj de pulsera que había dejado debajo de la cama antes de dormir para que nadie lo pisara. Eran las 6:05 de la mañana, sin darme cuenta había amanecido y tenía la sensasión de que me había robado un par de horas durante la noche.

Me levanté al baño que tenía enfrente de la cama, estaba entre oscuro y con luz porque el amanecer estaba empujando la noceh fuera. El baño seguía cerrado como la última vez que me le acerqué, pero esta vez no emitía luz por debajo así que entré en él y en enjuagué la cara para terminar de despertar, si es que había dormido. Después fuí a la cocina por un poco de cereal, pasando por uno de los cuartos principales, y el comedor. Cuando estaba sentado en el comedor desayunando el cereal, alcé la vista al patio central y ví el árbol de naranjo. ¿Había sido todo una pesadilla? No podía ser, las naranjas estaban regadas por todo el patio justo como pensaba que lo había soñado, era tan real como el cereal que me comía en ese momento.

No sé si el estar completamente solo -aquella sombra no contaba como compañía para mi- me hizo recapitular tantas veces lo sucedido durante la noche que terminé por justificar todo. De alguna manera esa sombra era una persona del pasado que necesitaba descansar y que durante siglos no lo había logrado. Tal vez no había sido yo la primera persona que me la encontré, o tal vez había sido el único que había caido en su juego de ocupar el baño por las noches obligando a uno a ir hasta el baño que se encontraba al final de pasillo y así poder notarla. El caso es que estaba seguro que si erá la única persona que estaba llegando a esa conclusión tan disparadata. Ese fantasma me había llamado, y me había expresado que necesitaba ayuda que yo le podía proporcionar. Y desde que había mirado el árbol de naranjo durante el desayuno hasta que me levanté de la mesa después de cenar estaba convencido de que precisamente ese naranjo milenario era la clave de todo.

Pasaron varias noches en los que apenas y dormí, abriendo los ojos cada que me acordaba hacía el baño, esperando que apareciera ocupado y entonces saber que tenía de nuevo ahí aquella visita del más allá y poder descubrir más sobre aquello que yo tenía y quería hacer por ese fanstasma. Esa noche nunca llegó. Lo que sí llegó fue la desesperación por hacer algo al respecto, por lo que llegué a la apresurada conclusión de que lo que tenía que hacer era tumbar ese naranjo, buscar esa sombra en sus raíces, sabía que ahí se encondía porque ahí la vi desaparecer. Un buen día tomé una pala y me decidí a hacerlo, a buscar qué escondía aquel árbol antiguo bajo su sombra.

La tierra era muy húmeda y ligera, a pesar de que yo no recordaba haber visto a alguien regarlo alguna vez, y habían pasado meses sin lluvia. Pronto divisé sus raíces, pero no veía ni por asomo el final de ellas, a pesar de que ya tenía un pozo considerable al lado de una montaña de tierra y piedras. Poco a poco fui descubriendo que todas las raíces estaban aferradas a una piedra, a una sola piedra tan enorme como lo frondoso del árbol y que era extrañamente redonda y porosa. Las raíces del árbol alrededor de esta pieda caliza parecían unas enormes garras de águila atrapando a su presa, por lo que no sabía como lograría pasar por debajo de ella. Hasta ese momento no me había atrevido a dañar el naranjo que debía tener más de diez vidas como la mía, por lo que con la misma pala fui golpeando por los lados de sus raíces y la gran pieda en vez de pasar através de ella. De pronto tan rápido como di un golpe y retiré la pala, la piedra poroza empezó a sudar y a brotar agua como si fuera una esponja siendo exprimida. Aquello no se detenía y se veía venir la inundación. ¿Qué había pasado? ¿sería un yacimiento de agua el secreto del árbol? Lo cierto es que estaba asustado por ver aquella escena, ¿qué estaba haciendo? seguramente me llevaría un enorme regaño por parte de mi familia cuando regresaran. Debía actuar y pronto. Solo tenía dos opciones, terminar lo que había comenzado y descubrir de una vez por todas lo que había debajo de la piedra, u olvidar aquella locura y volver a llenar el pozo con toda la tierra antes de que se inundara toda la casa.

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El Misterio de la Casona del Naranjo II

El constante viento helado que se colaba más allá de mis cobijas lo sentía entrar hasta los poros de mis huesos y salir de regreso entre los pelitos de la piel causándome escalofríos, haciendo que me dieran ganas involuntarias de levantarme al baño que tenía a unos cuantos pasos para deshacerme de un tanto de líquido que me estaba congelando y no me permitía conciliar el sueño. Al levantarme vi debajo de la puerta del baño que dentro había luz, suponiendo que alguien había sucumbido más rápido a la necesidad y había ganado el uso del mismo. Mis ganas por soltar el despreciado líquido eran tales que me dirigí a la puerta a tocar y así apresurar mi turno. Toqué dos o tres veces e incluso con voz baja pero clara pregunté quien estaba dentro, pero nadie respondía, ni un ocasional sonido se colaba por debajo de la puerta. Pronto me di por vencido, y pensé instintivamente en aquel baño al fondo del pasillo que nadie visitaba y que seguramente estaría tan disponible como todo el tiempo.

Así pues desistí de esperar respuesta del baño que emanaba luz desde dentro, y me dirigí al inicio del largo pasillo que recorrería para llegar a mi otra opción de baño. A pesar de que el frío dictaba que era una noche muy oscura, por el patio entraba un soplo de luz de procedencia desconocida. Mientras caminaba por el solitario pasillo intenté buscar de donde procedía esa luminosidad, de la luna no era pues había luna nueva, artificial no era pues en aquellos tiempos no había alumbrado público cercano, de las estrellas no era posible pues el cielo estaba totalmente negro probablemente nublado, quedando en una total incógnita la fuente de aquella extraña iluminación que entraba por el patio y solo afectaba al largo pasillo como después me daría cuenta al llegar al fondo del mismo y adentrarme en la misma oscuridad total que reinaba en los cuartos.

Luego de hacer mi necesidad, emprendí el soñoliento viaje de regreso a la cama. Iba cerca de la mitad del pasillo cuando la vi. Una sombra de silueta humana se reflejaba con claridad en la pared del pasillo. Insintivamente detuve mi andar pero abrí los ojos tanto como pude para constatar que no lo había imaginado. Era el contorno sombreado de una mujer, pues figuraba una larga cabellera, era alta, y parecía que traía un vestido puesto. Seguí con la mirada aquel contorno desde la cabeza tratando de llegar a la fuente que estaba causando esa sombra, y el corazón me dio un vuelco del que parecía que no me iba a recuperar al momento que le llegué a los pies, o donde debían de estar. ¡No tenía pies! justo despues de los tobillos se terminaba de tajo la sombra, y no seguía más allá, como si aquella mujer donde quiera que estuviera fuera flotando sobre el pasillo. Todo aquello desde que vi la figura hasta que hice ese terrorífico descubrimiento sucedió en fracción de segundos, aunque yo sentí una noche sin otro amanecer.

A pesar de que tenía bastante miedo, no hice sonido alguno y poco a poco comencé a caminar de nuevo totalmente decidido a llegar a mi cama y protegerme con las sábanas mientras repetiría -”No es real, no viste nada, fue tu imaginación”. Sin embargo no me atreví a cerrar los ojos, así que continué mi lento y silencioso camino con la mirada totalmente fija en aquella figura que tambien avanzaba en sentido contrario y tan lento que parecía tener todo el tiempo disponible. Ya estabamos a un par de metros uno enfrente del otro cuando la sombra reacionó. Se quedó quieta por un instante en el que sentí que me miraba fijamente, analizando que o quién era yo, y cuando se sintió amenazada u observada hizo un brusco movimiento retrocediendo pero hacia el suelo, desfigurándose hasta formar una mancha que se desplazaba rápidamente por el suelo en dirección al gran patio cuadrado. Mi corazón aceleraba a tope pero había tomado la decisión de no perder detalle de aquella situación. Seguí con la mirada la sombra que no se perdía sin importar que se moviera de lugar y que se seguía proyectando gracias a aquella inusual luminosidad que reinaba en el patio.

La sombra llegó hasta los cimientos del naranjo y lo cubrió. Parecía que aquella figura humana estaba trepando el naranjo, y de pronto no logré divisarla más, perdiéndose entre las propias sombras del árbol. Un par de naranjas más cayeron al suelo con tal fuerza que me sacaron de mi petrificación y entonces si corrí por el pasiilo, llegando tan rápido a la cama que sentí como si hubiera experimentado una teletransportación. Creí que ya no tendría más sorpresas esa noche, pero descubriría algo más antes de dormir por fin.

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El Misterio de la Casona del Naranjo

Hacía ya mucho tiempo que no entraba a aquella casa, pero aún así recordaba su escencia como si estuviera viviendo en ella. Tenía unos dos años cuando pasé el mayor tiempo ahí, durmiendo, comiendo y viviendo en sus interiores. No fue sino hasta muchos años despues, ya de adolescente, cuando aquella experiencia comenzó.

Es una casa grande, muy muy antigua, que se rehusa a ser demolida, a ser vencida por el tiempo. Dejé de habitarla al año de vivir en ella, pero nunca la olvidé y siempre tenía la extraña sensación de que quería regresar a vivir ahí. Solo la visitaba frecuentemente porque otros familiares seguían habitándola, hasta que en aquella ocasión, se me cumplió quedarme a dormir ahí una vez más. Debido a que esos familiares que la habitaban saldrían de la ciudad por un tiempo considerable, acepté quedarme a vivir ahí para cuidarla en su ausencia.

A mis 14 años todavía veía esa casa muy imponente y enorme. Dos largos y anchos pasillos encuadraban un gran patio central, donde un viejo -estaba seguro que se encontraba ahí desde incluso antes que la casa fuera construída- pero lleno de vida árbol de naranjo marcaba el centro exacto de ese patio. En el pasillo de entrada a la casa están dos habitaciones de gran espacio y sobre el pasillo la sala de estar. Al fondo de la casa sobre el mismo pasillo estaba una pequeña cama que utilizaban para visitas ocasionales, justo antes del baño que a pesar de no ser el único, todos en aquella casa preferían. El segundo gran pasillo que conecta con el primero en forma de “L”, mas largo aún, se conforma por otros dos cuartos, el comedor y la cocina hasta el fondo del pasillo. El pasillo de uso común, que pasa por fuera de los cuartos, era mucho más angosto que el pasillo de la sala de estar, por lo que siempre transitabamos por ahí de una sola persona a la vez, y la que yo suponía era la razón principal -pasillo angosto y muy largo- por la que nadie iba al baño que se encontraba justo al lado de la cocina, y para ir a la cocina o al comedor, era normal que llegaran cruzando los cuartos por dentro, y no pasando el pasillo por fuera.

Como era de esperarse, a pesar de que no todos los cuartos estaban ocupados, me asignaron la pequeña cama que está entre el cruce de los pasillos y el baño para dormir aquella vez. Nunca supe porqué no abrían y usaban aquellos grandes cuartos que nadie usaba, y a estas alturas a pesar de tener mas curiosidad que nunca, es cuando menos quiero saber.

Siempre ha sido una casa muy silenciosa, y por estar al aire libre en la zona de su patio central, el viento siempre ha soplado y andado por todos los rincones, por lo que nunca le había dado importancia a los ruidos nocturnos que siempre daba por hecho que era aquel viento que de por si invisible, menos se podía ver aquella noche de luna nueva. Había una oscuridad total, calculo que era entre la una y las tres de las madrugada cuando empecé a escuchar el naranjo crujir ante la insistencia del viento. No solo eran las hojas que se mecían, una vez despierto y alerta, podía escuchar como sus ramas tronaban. Era un árbol verde por fuera, pero parecía hueco por dentro por los silbidos que despedía cuando el viento se metía en él. Cayeron dos o tres naranjas al suelo y rodaron ayudadadas por el viento que no paraba de soplar. En ese momento supe que no era un viento cualquiera, podía sentirlo, era frío y fuerte. Tuve miedo, me tapé con la sábana que se ondulaba y dejaba pasar las corrientes de aire, totalmente enrrollado para poder conciliar el sueño de nuevo, no pensaba ni por asomo que aquella noche no dormiría en absoluto.

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Recuerdos Paralelos

Esa tarde era la celebración anual. El día más esperado de cada año desde hacía 12 años, cuando fue el fin de la tercer guerra mundial y el mundo estaba tan devastado que necesitaría cientos de años para que se recuperara. Cuando llegó la paz entre todas las naciones se decidió que todos vivirían en cápsulas individuales totalmente orgánicas y libres de tecnología, para acelerar el proceso natural de curación del planeta.Sin embargo, se decretó un dia al año donde todos podrían utilizar solo por 12 horas una tecnología especial que transportaría a cada individuo a cualquier lugar que ellos imaginaran, existente en el pasado antes de la destructiva 3er guerra mundial. Por lo tanto era el único dia esperado cada 365 dias, y solamente duraría unas cuantas horas, mientras el sol estuviera presente proporcionando energía.

La expectativa era grande, y las ilusiones inmensas. No sabía si en aquella ocasión iba a elegir alguna hermosa playa con el sol en todo su explendor, o muy retirado de ahí a unos 3,000 metros de altura en una colina llena de pinos y las nubes amenazando lluvia y un clima bastante fresco. Habían pasado 6 largos años desde la última vez que se la encontró, en aquella mítica ciudad llamada París, y había intentado sin éxito repetir el lugar para volverla a ver. Este año estaba decidido a intentar en otro lugar, faltaban solo algunos minutos para que la transmisión comenzara, y no podía decidir entre un lugar preferido por ella o un lugar que tanto añoraba él con la esperanza de que ella lo intentara buscar ahí, pues conocía sus aficiones.

Por lo menos estaba seguro de que año elegiría, porque así lo acordaron la última vez que se vieron, solo que no alcanzaron a decir el lugar porque el tiempo los sorprendió. Iba a regresar al año 2011, un año antes de la gran guerra que acabó con todo lo que conocíamos. La fecha exacta, el 11 de noviembre de 2011, la habían elegido por ninguna otra razón más porque era muy fácil de memorizar.

Estos viajes eran reales viajes en el tiempo, pero no era el pasado que todos habian vivido sino un pasado alterno donde pudieron evitar la guerra sabiendo lo que venía si no se detenían, aunque extrañamente no existía nadie del futuro en ese pasado, todas eran personas diferentes y su historia había transcurrido diferente aunque con resultados muy parecidos, era pues un universo paralelo. Sin embargo el futuro con la tierra casi devastada y a donde realmente pertenecían, era igual de real, y querían seguir en su espacio temporal para evitar distorcionar los universos paralelos y crear una catástrofe mucho mayor.

Regresando con aquel hombre que estaba a punto de hacer el salto hacia atrás, ya estaba decidido. Iría a Nueva Zelanda, esperando que el amor de su vida (y de todos sus universos paralelos, decía él) regresara al mismo lugar que el añoró visitar con ella en mejores tiempos y nunca pudo realizar ese sueño debido a la guerra. La energía concentrada para hacer el viaje le causó cosquillas en la nariz y exhaló aire para estornudar. Cuando soltó el estornudo, ya estaba en una gran colina llena de pasto verdoso y desde dentro de su cápsula se podía ver que hacía frío en la espesa neblina que se divisaba. Era el 11 de noviembre de 2011, aproximadamente a las 9 de la mañana en Otago, Nueva Zelanda

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El deseo más grande que pude imaginar en un sueño

Iba caminando sin preocupaciones y sin rumbo fijo por un camino rural, el clima era bastante agradable, por lo que iba atento a todo a mi alrededor. De pronto veo un objeto metálico en el suelo, me agacho y lo recogo. Se trataba de un ipod nano. Se me hizo bastante raro que un dispositivo de ese tipo estuviera perdido por aquellos rumbos desolados y sin rastros de vida humana, menos de tecnología. Me dispuse a prenderlo, y para repasar la lista de canciones que tenía, froté mis dedos contra la superficie del mismo en repetidas ocasiones.En un instante el cielo pareció cerrarse con nubes negras y cargadas de electricidad. Una figura fantasmal salió del reproductor de música, el cual cargaba con una manzana en la mano, y mientras la mordía y la saboreaba, dijo: -”Soy el genio del ipod, me has liberado luego de décadas de que el creador de este aparato haya desaparecido misteriosamente. Te estoy agradecido, por lo que te cumpliré un solo deseo. Piensalo muy bien y dimelo, lo que sea, soy capaz de crear cualquier cosa que un ser humano pueda imaginar.”

Pensé en el famoso truco de pedirle 10 deseos más, poder, riqueza, conocimiento, salud … pero al final me decidí por algo que sabía me llenaría por siempre. -”Deseo conocer y estar por el resto de mi vida con la mujer que nadie más puede hacerla tan feliz como puedo yo, porque entonces eso significará que ella será quien me pueda hacer feliz más que nadie en este mundo”.

-”Oh, eso es muy fácil”, contestó el genio. “Concedido, ahí está, voltea y conócela…” …. Desperté acostado de frente a la pared en mi cama. Afuera llovía, por la ventana entraba una brisa bastante fresca y el frío me había despertado. Tomé el cobertor y me tapé, acurrucándome con la idea de tener una posibilidad de regresar en el punto que me había quedado. Fue imposible, no logré conocer a la mujer de mi vida, o por lo menos de mis sueños.

Desde ese día duermo con música, esperanzado de que en algún sueño retorcido, me encuentre con otro ipod mágico.

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El Tequila Lo Que No Cura, Lo Destila II

El despertador biológico estaba programado a las 8 de la mañana, y funcionó aun cuando hacía dos hora que llevaba dormido. Por un momento solté una maldición, pero me detuve justo cuando recordé que era domingo y tendría todo el dia por delante para recuperarme. Adormilado y con mucho frío traté de meterme entre las cobijas, pero la cama estaba desnuda. A cambio, me había quedado dormido con la ropa y zapatos. No me importó ni hice algo al respecto, quise pronunciar un “Bah!” y volver a acumular lagañas, pero mis labios estaban totalmente secos y consumidos por un extraño sabor a alcohol. Despertó mi olfato, y tenía un olor tan penetrante a alcohol que temí incendiarme vivo con alguna chispa perdida. Decidí pegar pestañas antes de que mis otros sentidos despertaran y me castigaran por haber practicado el arte prohibido de olvidar y perdonar. Haberme emborrachado con tequila.A pesar del frío, estaba sudando. No era un sudor cualquiera, el tequila se destilaba y con él mis tristezas. El proceso se estaba completando, yo dormía como si fuera la eternidad y aquello que me habia puesto a tomar, se perdía en la inmensidad del tiempo. Sin embargo para cuando deseperté de aquel dormir sin sueños, solamente habían pasado diez horas. No recordaba nada, ni donde había estado, ni qué habia hecho, ni donde tenía que estar, ni que tenía que hacer, menos donde estaba en ese momento. Solo sabía que estaba despertando de una vida pasada, algo que había querido borrar y que lo habìa conseguido, era inútil pensar en ello. Reconocía el lugar, reconocía la hora, reconocía el día, reconocí aquella extraña sensación …. tenía un hambre de los mil demonios.

Me levanté, tomé el teléfono y marqué a la operadora. -”¿Hey, podrías redirigir mi llamada a donde pueda pedir comida? Pero no rápida, ¡¡instantánea!!” … Lo único instantáneo que recibí fue el tono del teléfono de que me había colgado. La siguiente opción era salir a rondar por la calle a buscar dónde podía comer a las 6 de la tarde. Muy tarde para comida, muy temprano para cena, no encontré nada en 4 cuadras a la redonda. Regresé a la casa con los ojos inchados por el sol, efecto mismo que si yo fuera un vampíro. Sin éxito, tratando de buscar una solución, de pronto vino a mi mente … y supe que ya no tendría hambre, pero tampoco comería bocado alguno. Me acordé de ella, me reenamoré de ella, la extrañé, la necesité, la desee …. y entonces la llamé. Escuché su voz, y me alimentó el alma, sin embargo no me saciaba y la hice reir, la hice sonrojar, la hice recordar, la hice suspirar … y cometí sobredosis.

Por un momento pensé que el tequila atacaba de nuevo, lo cierto es que ya no había ni una sola gota en mi sistema, ahora -una vez mas- el amor me estaba mareando. Colgué, directo a dormir, ahora si como Dios lo había comandado. Soñé con ella, fui feliz de nuevo, desperté ocho horas después justo para ir por un menudo. El ciclo se había completado, del corazón me había curado.

No vuelvo a medicarme con Tequila. La próxima vez será Whisky.

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El Tequila Lo Que No Cura, Lo Destila

Tomé la botella de tequila con una sola intención, que el alcohol drenara mis sentimientos. Tenía las sensaciones a flor de piel, y comencé rápido con más tequila que refresco. Tuvo el efecto que esperaba a corto plazo, olvidé momentáneamente mis problemas existenciales para experimentar una alegría interna que me hizo valiente para servirme el siguiente vaso.Era de madrugada y hacía un frío molesto pero mi cuerpo empezaba a experimentar mucho más el tequila que el refresco. Me sentía tan aclimatado que decidí tomarme otro y evitar que se fuera la relajante sensación. Sin embargo esta vez ya no fue tranquilizante, sentí como el tequila me quemaba la garganta, y todo su recorrido hasta el estómago donde sentía consumarse el ardor.

Fuego, eso sentía en mis entrañas, que más podía hacer que tomarme una bebida de tequila más y apagarlo. No fue la mejor sulución pero empezaba a dejar de pensar racionalmente. Por lo menos ya estaba muy lejos de lo que me llevó a servirme el primer trago. La excusa para seguir tomando ese exquisito néctar ya no la tenía, por lo que tuve que inventarme alguna. No me movería de ahí hasta que se terminara la botella.

Las horas pasaron de presente a pasado, y la botella de tequila de medio llena a medio vacía. Me sentía exaltado y apacible al mismo tiempo, triste y feliz en la misma oración, amado y odiado en el mismo lugar, recordado y olvidado en el mismo pensamiento. Pensaba si mi cuerpo y alma ya habían tenido suficiente tormento, pero aquellas botellas de cristal y plástico vacías y un charco de agua entre una bolsa me dieron la respuesta. Era hora de dejar que el alcohol me llevara a dormir con ausencia de sueños.

La cabeza me daba vueltas terriblemente, fue dificil poder detenerme en un solo lugar y descansar. Bajé un pié de la cama e hize tierra, quedé dormido tan rápido que creí estar muerto bajo tierra. Por primera vez en mucho tiempo no dormí pensando en ella, no porque no quisiera sino que el tequila no me dio la más mínima oportunidad.

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Perdido IV

Llegaron cerca de media noche a su destino. Enrique estaba tan exaltado con la idea de ver de nuevo a su querida Michelle, que no había dormido en las casi 10 horas de camino y se sentía fresco y animado. Salieron del carro militar y entraron al único edificio que estaba en pie a la vista y que ahora parecía un monumento al queso Gruyère que tiene sus orígenes en esa nación europea. Dentro había mucho movimiento, se podían ver militares de distintos rangos dando y delegando órdenes, hasta que uno de ellos se acertó al pequeño convoy donde venía Enrique. –“Señor, al parecer la guerra está por terminar, están los representantes de ambos países platicando en este momento” –dijo un cabo dirigiéndose a un sargento que iba delante de Enrique. –“Perfecto, esas son buenas noticias, ahora por favor lleve al joven que viene detrás de mi con la señorita francesa” –le contestó el sargento mientras abría la carta que le acababan de entregar. -“¡Si señor!, …. por favor sígame, por este lado” –se dirigió el cabo a Enrique, y éste lo siguió por otro camino, dejando detrás al sargento y al doctor que le había salvado la vida.

 

 

Entraron en un pequeño cuarto donde había dos militares que parecían de muy alto rango, uno con uniforme francés y otro con uniforme mexicano, cada uno de un lado de la sala, y el francés pronunciando unas palabras a una una muchacha que estaba enmedio de él y el mexicano. Esa muchacha era Michelle, que no se había dado cuenta de la llegada de Enrique, y dirigiéndose al militar mexicano dijo: -“Dice que ellos lo que desean es unir las dos naciones, un Francia americano…” – “… y un México europeo” –la interrumpió Enrique. Michelle volteó a ver quien la había interrumpido en su traducción, y al ver a Enrique se quedó muda e inmóvil. Enrique no sabía si correr a abrazarla o esperar a que ella lo hiciera, y cuando se decidió por lo primero, también Michelle lo había hecho. Se abrazaron y lloraron, se besaron y sonrieron. Enrique y Michelle estaba en lo suyo, pero los dos militares de alto rango que estaban ahí, comprendieron el error tan grave que había sido la guerra, así de que se saludaron y acto seguido firmaron un acuerdo.

 

 

Michelle le contó a Enrique como temía que aquel extraño que había llegado a su casa un día sin esperarlo, de la misma manera se le fuera de su vida y por eso decidió olvidarlo, no arriesgarse a que sus temores se cumplieran. Cuando se dio cuenta de su error, no podía perdonarse y trataba de olvidar su existencia con el alcohol. Enrique perdonó a Michelle porque él mismo debió haberlo visto, debió darse cuenta de que no podía esperar todo de lo que parecía y ver la realidad que es más fuerte que cualquier amor de cuento. La guerra terminó, y como si fuera una sombra de la historia de Enrique y Michelle, ahora los dos países eran grandes aliados. Michelle y Enrique vivieron en paz y disfrutando de su pasión (el uno por el otro) en aquella colina que alguna vez se conocieron por primera vez y que también sería escenario de su monumento eterno, pues sus hijos los enterraron en aquel lugar, pero eso y su descendencia son historias tan comunes, que seguirán sin ser contadas.

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